¿Puede la IA Reemplazar a un Traductor de Carne, hueso y alma?

La inteligencia artificial puede emular procesos lingüísticos, pero no puede reproducir el pensamiento humano. Por eso, aunque la IA gestione tareas que antes realizaban traductores, no puede reemplazar a un profesional que piensa, decide y responde de sus decisiones.

¿Qué tipo de trabajo es la traducción? O más bien ¿qué es, cómo es el lenguaje humano? Estas son las preguntas que debemos hacernos para poder abordar la cuestión que da título a nuestra entrada de hoy. Para mí, contestar a la pregunta ¿Puede la IA reemplazar a un traductor de carne y hueso? no consiste en elegir entre «sí», «no» o «depende» sino en decirnos y respondernos: ¿cómo podría?

Desde que estaba en la facultad, hace ya un buen cuarto de siglo, esta era una pregunta amenazante para una estudiante de traducción: ¿qué pasará con nosotros cuando la informática conozca un desarrollo tal que sea capaz de traducir textos? El «avance» tecnológico ya estaba en marcha.

En mi opinión, hoy todos observamos con sorpresa e incertidumbre el empleo masivo que empieza a hacerse de las herramientas de inteligencia artificial en funciones que siempre han desempeñado seres humanos: ocuparse de responder el correo personal, hacer análisis financieros para invertir en bolsa o redactar textos y traducir, por ejemplo.

Es decir, las personas que encarnaban estas funciones (la secretaria, el analista, el escritor y el traductor) ahora «pueden» ser enteramente sustituidas. Ya no se trata de que la máquina nos asista en tareas automatizables sino de que la máquina ahora toma el control de trabajos que conllevan pensamiento, decisión y responsabilidad, los cuales hasta el momento habían estado en nuestras manos. Nosotros ‑de momento‑ pasamos a un segundo plano como meros supervisores de la máquina.

Indice de contenidos

Pensar, decidir y ser responsable: lo que ninguna IA puede hacer

Claro que no. Emulado sí pero reproducido no.

Desde mi punto de vista, el hecho de que las máquinas puedan gestionar decisiones significa que las decisiones han sido reducidas a problemas lógico-matemáticos para que las máquinas puedan ir hoy más lejos que antes, y no que las máquinas ahora sepan pensar como nosotros. Y significa, ante todo, que la máquina desplaza al ser humano un poco más: ahora no en una cadena de montaje o al frente de una caja registradora sino en trabajos de pensamiento, decisión y responsabilidad.

La robotización de la atención al cliente: un aviso

Nos hemos acostumbrado a la robotización de la asistencia telefónica, a llamar al banco o a una oficina de reservas y realizar gestiones que requieren una comunicación lingüística sin entrar en contacto con ningún ser humano, y esto tanto oralmente como por escrito.

Todos hemos experimentado la frustración de no encontrar a nadie que nos escuche al otro lado del teléfono cuando necesitamos resolver un problema que la programación informática de la asistencia virtual no contempla. Hemos aprendido a resignarnos, pero todos apreciamos la calidad del servicio al cliente de aquellas empresas que mantienen una atención humana.

También, en este punto, cabe mencionar que hay personas en la atención telefónica que por sus respuestas y actitudes parecen haberse convertido en máquinas. Esto sucede cuando esas personas no utilizan el pensamiento para comunicarse con nosotros, y es un problema que igualmente puede sucedernos en la calle, o en la familia, cuando no existe diálogo y pensamiento en la comunicación. La robotización de nuestra vida ha incluido, por desgracia, la pérdida de humanidad de personas que han adoptado un modo de comportarse maquinal. Creo que aquí está el meollo de la cuestión.

Responsabilidad sin conciencia: el límite de la IA

Al hablar de qué implica ejercer como traductora jurada apuntaba ya apuntaba la cuestión del código deontológico y de la responsabilidad de mi profesión. Esto es extensible a la traducción en general y a todas las actividades humanas. El quehacer humano siempre está ligado a la decisión y a la responsabilidad, las cuales, para ser ejecutadas, necesitan el pensamiento.

¿Qué pasa con la responsabilidad de una máquina? Cuando, por ejemplo, incurre en plagio o no proporciona información veraz. ¿Miente una máquina? ¿Podemos pedirle cuentas? Una máquina no tiene consciencia, es decir, no puede reflexionar sobre su conducta: no puede decidir hacer el bien o el mal, no puede enmendarse ni tomar la decisión consciente de seguir haciendo el mal.

Vuelvo a insistir en esta idea crucial: las máquinas no se han hecho más inteligentes sino que esas tres cosas inherente y exclusivamente humanas que son el pensamiento, la decisión y la responsabilidad han sido simplificadas para poder ser procesadas por una máquina. Matemáticas (lógica y probabilidad) y «nutrición» ingente de información son la base de este elaborado desarrollo informático que es la inteligencia artificial.

El pensamiento humano no puede aislarse de todo lo que, además de él, nos constituye en tanto seres humanos. No es nada sin la imaginación, el sentimiento, la intuición, el sentido del deber, el sufrimiento y toda la experiencia vital que atesoramos cada uno de nosotros. Por su parte, y a propósito de esto, la memoria humana no tiene nada que ver con una base de datos. Y el lenguaje humano no puede reducirse a lenguaje matemático.

El lenguaje humano no puede reducirse a matemáticas

El lenguaje y el pensamiento son inseparables. El lenguaje humano no es un código de signos: es la materia con la que construimos el pensamiento, y por eso ningún sistema de probabilidades, por sofisticado que sea, puede reemplazar al traductor que lo maneja.

El caso del catálogo de arte: lo que la IA podría hacer

Voy a contar una anécdota profesional. Hace unos años realicé la traducción de una publicación sobre arte. Al cabo de un tiempo, ese mismo cliente me hizo una consulta pidiéndome una tarifa especial para una traducción similar pero para la que contaba apoyarse en una herramienta de inteligencia artificial, lo que a su entender abarataría el proceso. El encargo nunca llegó a formalizarse.

¿Puede la IA reemplazar a un traductor de carne, hueso y alma? • María Rodríguez Cerezales • Traductor Jurado Francés • Traducción de Catálogo de Arte

Mi estimación fue que ninguna máquina iba a ser capaz de dar un resultado óptimo a la traducción de su texto, pues conociendo el anterior yo sabía las peculiaridades expresivas del autor y las dificultades añadidas de fijar la terminología propia del tema sobre el que versaría el texto (lenguaje de técnica pictórica). No cerré mi propuesta a una simple revisión del resultado (pues realmente lo que me pedía era casi una corrección de la traducción automática) sino que invité al cliente a realizar una prueba que previamente nos mostrara la manera más eficiente de proceder.

Alguien podrá decir que la máquina puede ser entrenada para entender nuestra manera de expresarnos y «entender» lo que queremos decir por enrevesado que sea el modo de decirlo. No estoy segura.

Aun así, en ese caso ¿qué tipo de traducción prepararía a otro idioma? Yo puedo decir cómo procedí cuando tuve que traducir aquel catálogo de arte: tomando la norma del idioma como referencia y analizando la «tergiversación idiomática» que el escritor hacía de dicha norma para expresarse. Más o menos tuve que «corregir» su castellano para poder reescribir en inglés lo que quería decir porque de otro modo el resultado habría sido ininteligible.

En mi trabajo de «amanuense» fui calibrando frase a frase cómo reproducir las metáforas y cómo hilar las ideas para que fueran comprensibles, sin decir nada diferente ni terminar componiendo un texto aséptico. Creo que las máquinas, por muy detallado que sea el famoso «prompt» con el que se las alimente, tienden inevitablemente a la asepsia. Yo no veo claro que una de ellas hable o escriba por mí, ni veo claro que como especie demos por buena la suplantación que la inteligencia artificial en muchos casos nos propone a cambio de hacernos la vida más fácil y para «ganar tiempo». ¿Ganar tiempo para qué? ¿Para luego perderlo?

La IA no puede reemplazar a un traductor: una respuesta clara

La pregunta del título tiene, pues, una respuesta clara: la IA no puede reemplazar a un traductor de carne, hueso y alma. No porque la tecnología no avance, sino porque el problema no es tecnológico. Traducir es pensar, y pensar es algo que ninguna máquina ha hecho todavía. Mientras el lenguaje humano siga siendo lo que es (imaginación, responsabilidad, experiencia vital) habrá algo que ningún sistema de probabilidades podrá reproducir: el criterio de quien lo maneja.

Si buscas una traductora que entienda tu texto como lo haría un lector humano, escríbeme y cuéntame qué necesitas.

Herramientas de inteligencia artificial pueden ser útiles como apoyo puntual, pero ninguna puede reemplazar el criterio, la responsabilidad y la experiencia de un traductor profesional.

Lo que me preguntan sobre la inteligencia artificial y los traductores

¿Puede la IA reemplazar a un traductor jurado?

No. La traducción jurada requiere la firma de un profesional acreditado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, con responsabilidad legal sobre el resultado. Ninguna herramienta de IA puede asumir esa responsabilidad ni tiene validez jurídica.

¿Qué errores comete la IA en la traducción profesional?

La IA tiende a la asepsia: produce textos gramaticalmente correctos pero sin personalidad, incapaz de reproducir el estilo de un autor, calibrar sus metáforas o manejar terminología especializada con criterio propio. Tampoco puede responsabilizarse de sus errores.

¿Cuándo puede ser útil la IA como apoyo en traducción?

Puede ayudar en textos muy estandarizados, glosarios o primeros borradores de documentos repetitivos. En textos con estilo propio, terminología especializada o implicaciones legales, la supervisión de un profesional humano es imprescindible.

¿Qué hace un traductor humano que la IA no puede hacer?

Pensar, decidir y responsabilizarse. Un traductor humano interpreta el sentido más allá de las palabras, calibra el estilo del autor, detecta contradicciones y firma con su nombre el resultado final.

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