Lucía está muy contenta

Cuando escribo estas líneas cierro el segundo trimestre del año académico.

Pienso en los éxitos de mis alumnos, también en las situaciones más complicadas. Algunos se preparan para superar exámenes oficiales de inglés y de francés, otros se enfrentan a problemas que el fracaso en la asignatura de inglés revela pero que no tienen que ver directamente con su capacidad para aprender idiomas.

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El feedback que vale más que una nota

Hago un balance general y me siento satisfecha. Una frase viene a mi mente: «Lucía está muy contenta.» Una amiga profesora me ha recomendado para ayudar a esta chica a preparar un examen oral de francés. Es el tipo de preparación puntual (intensa, enfocada, con un objetivo claro) que analizo en detalle cuando hablo de cómo preparar un examen oral de francés sin perder de vista el placer de hablar la lengua. A lo largo del curso tengo esta clase de alumnos que buscan apoyo específico para un objetivo a corto plazo en lugar de una formación a medio o largo plazo, o ayuda con dificultades de aprendizaje. Es un contacto pasajero y siempre muy diferente de unas personas a otras.

Para un profesional siempre es importante recibir el feedback de sus clientes. No podemos cambiar ni mejorar si no contamos con una opinión sincera sobre lo que hacemos. En el caso de los profesores, es una responsabilidad especialmente importante y delicada asumir el apoyo escolar para ayudar a superar una dificultad o un fracaso, o bien acompañar a un candidato en la preparación de un examen oficial. En general, entiendo que más allá de la impresión que le queda de lo que se hace en clase, el alumno-cliente prefiere reservarse la opinión hasta poder comprobar el resultado con una calificación

El feedback «Lucía está muy contenta» que recibí a través de mi amiga profesora me alegró porque me hizo saber que, sin esperar al resultado de su examen, ella ya da por buenas nuestras clases. Para mí es algo especialmente destacable porque me demuestra que preparar un examen oral puede convertirse (como en este caso) en una ocasión extraordinaria de descubrir que la lengua es algo más que un código escrito en un papel.

La trampa de las calificaciones: lo que nos hacen olvidar

Las calificaciones nos obsesionan y nos hacen olvidar no ya la importancia relativa, o en ocasiones la arbitrariedad de una nota o de lo que representa, sino que el resultado del aprendizaje está compuesto de una cantidad enorme de factores. Pareciera que todo depende exclusivamente de la calidad de la enseñanza que se recibe y que, sea cual sea la definición de «calidad», en último término el profesor es el gran responsable de lo que pase. Como explico en otro texto, aprender idiomas es aprender a comunicar, no a memorizar listas, y ese principio cambia por completo la manera de entender el fracaso o el éxito en un examen.

¿Qué factores determinan realmente el resultado de un alumno?

No tenemos en cuenta que no todos tenemos la misma facilidad para todas las cosas. Tampoco que para poner el foco en los estudios debemos retirarlo de otras cosas y no siempre lo conseguimos, con la consecuente falta de concentración que es necesaria para lograr nuestro objetivo. Por eso, aunque la buena didáctica define al buen profesor, y esto incluye también su psicología, no siempre una didáctica adecuada garantiza el éxito.

El «para qué»: encontrar el sentido como motor del aprendizaje

Querría aprovechar para desarrollar aquí un pequeño esquema con el que acompañaba hace unas semanas una reflexión acerca de toda la polvareda mental y emocional que levantan las calificaciones en nosotros. La reflexión tenía un enfoque estratégico para lidiar con ese revoltijo sutil cuando las cosas se ponen cuesta arriba.

Cuando nuestro esfuerzo intelectual está dirigido a obtener un resultado académico cuantitativo, este esfuerzo nos hace trabajar con una expectativa. Esta expectativa genera una tensión en nosotros, pues entramos en competición con nosotros mismos porque desde fuera va a evaluarse nuestro esfuerzo y debemos demostrar que sabemos hacerlo bien. Debemos movilizar nuestra ambición para enfocar nuestro esfuerzo. Este esfuerzo puede desembocar en éxito o en fracaso.

Si del resultado depende algo importante y mi esfuerzo desemboca en un fracaso, la consecuencia va a ser la frustración. Trataré de entender o de paliar lo que no ha salido bien, y después tal vez pueda desapegarme rápidamente de la mala experiencia y de la mala sensación para empezar de nuevo o tomar otro camino.

Pero a veces puede costarnos encontrar la energía necesaria para volver a arrancar. Aquí te dejo una explicación de cómo entiendo yo la manera de salir de ese atolladero:

Aprender idiomas más allá de las calificaciones • María Rodríguez Cerezales • Esquema: esfuerzo - tensión - fracaso - frustración - pérdida de sentido - solución

Si no soy capaz de motivarme exclusivamente por el resultado cuantitativo de la nota, la salida está en no detenerme en ella: entender el examen como un escalón que me lleva hacia algo que realmente busco, y no como un fin en sí mismo, cambia la manera en que movilizo mi esfuerzo y reduce la presión de manera notable.

Para mí, esta es la parte más interesante: el para qué hacemos las cosas, o qué nos aporta lo que hacemos. Como me resulta más fácil explicarlo es contando mi experiencia.

Como alumna, en mi vida he pasado por muchas evaluaciones. Para todos, como para mí, son procesos que nos enseñan lo que nos cuesta preparar y superar una prueba, y en los que en ocasiones nos llevamos buenas y malas sorpresas pero en general sabemos lo que nos deparan (buenas notas, malas notas, raspados, etc.). La ventaja de pasar muchas veces por exámenes es que al final conseguimos no darles una importancia excesiva y dejan de poner menos a prueba nuestros nervios que nuestra dedicación a la tarea.

Cuando dos profesores evalúan al mismo alumno de manera diferente

Como profesora, he tenido que evaluar a muchos alumnos. Siempre me ha parecido muy importante que la nota sea justa y represente el esfuerzo y el rendimiento global de cada persona. Mi experiencia actual de enseñanza me ofrece una situación inédita: estoy ayudando a niños con problemas en clase de inglés que al final del trimestre demuestran un salto cualitativo de sobresaliente mientras que su nota en el colegio es de «bien»; otros niños con un conocimiento para mí «notable» del idioma, para mi sorpresa terminan el trimestre con un suspenso. El examen y la evaluación, los contenidos y objetivos curriculares, los criterios de cada profesor, la historia y la dinámica de cada clase, todo eso puede llegar a tergiversar hasta ese punto la evaluación de un niño (en este caso) por dos personas diferentes. ¿No estamos acaso evaluando lo mismo?

Un tiempo bien invertido, con o sin examen

Por eso me alegra tanto que Lucía esté «muy contenta»: porque solo va a tomar clase conmigo unos días pero independientemente del examen que va a hacer, para ella ya ha merecido la pena el tiempo de estudio que hemos compartido.

Te invito a contactar si estás buscando clases particulares de idiomas en Monforte de Lemos (español, inglés o francés) y quieres que te haga una propuesta personalizada. Mi prioridad es que el tiempo que pasemos juntos sea bueno, y si lo consigo, ese es mi éxito. Te acompaño con mi conocimiento de la didáctica de lenguas y mi experiencia profesional para que ese tiempo tenga frutos reales.

Preguntas frecuentes

¿Qué importa más que las calificaciones en el aprendizaje de idiomas?

Las calificaciones miden un momento concreto, no un proceso. Lo que de verdad importa es si el alumno ha desarrollado capacidad real de comunicación, ha ampliado su comprensión de la lengua y, sobre todo, si el tiempo dedicado ha tenido sentido para él. Una nota favorable puede esconder un aprendizaje superficial, y una nota desfavorable puede coexistir con un avance real que el examen no ha sabido captar.

¿Cómo se prepara un examen oral de francés con una profesora particular?

La preparación de un examen oral de francés requiere práctica de expresión espontánea, trabajo sobre la pronunciación y ejercicios de comprensión oral adaptados al nivel y al tipo de prueba. Con una profesora particular, el trabajo es completamente individualizado: se parte del nivel real del alumno, se identifican sus puntos débiles y se construye un plan específico para el tiempo disponible. Como cuento en este artículo, el resultado puede ser que el alumno «esté muy contento» antes incluso de conocer su nota.

¿Por qué dos profesores pueden evaluar al mismo alumno de forma tan diferente?

Porque la evaluación no es un proceso neutro. Los criterios de cada profesor, los objetivos curriculares, la historia del alumno dentro del grupo, la dinámica de la clase y el tipo de prueba influyen en la nota final. Lo que un profesor clasifica como «notable» puede ser un «suspenso» para otro. La calificación representa el aprendizaje medido desde una perspectiva concreta, no el aprendizaje en sí.

¿Cómo mantener la motivación para estudiar idiomas después de un suspenso?

La clave está en no hacer del examen el único sentido del esfuerzo. Si la nota es el único motor, su ausencia deja un vacío difícil de gestionar. Buscar el para qué real (comunicarse en otro idioma, viajar, conectar con personas de otra cultura, acceder a un trabajo) convierte el examen en un escalón dentro de un camino más amplio, no en el destino final.

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