En el lugar donde vivo actualmente, he descubierto que el francés goza de una popularidad notable. Podría decir incluso que es una lengua «querida«. A lo largo de mis estudios y de mi carrera profesional he observado cómo la lengua francesa, en general, no es considerada una lengua útil, ni interesante, ni siquiera bella, sino como algo desprovisto de valor en el mercado y en el acervo personal, algo así como una pieza de museo: la antigua lengua de la diplomacia caída en desuso.
Esta impopularidad tiene que ver, en mi opinión, con la irrupción del inglés en nuestras vidas (el comercio mundial interconectado, las redes sociales y la cultura de masas) y con el cambio de tendencia global en la educación de niños y jóvenes. El francés siempre había sido considerado lengua de cultura.
Hoy en día, el francés es una lengua muy hablada en el mundo (más de 300 millones de personas) y, en mi ámbito geográfico actual, una lengua mal conocida pero, a mi juicio, de fuerte arraigo por distintas causas. A propósito de mi trabajo con el francés, hoy te cuento un par de historias de alumnos y sobre mi trabajo de traducción en Monforte de Lemos.
La Ventaja del Gallego en el Aprendizaje de Francés en Niños
Actualmente enseño francés a jóvenes y a adultos. He tenido la grata sorpresa de dar con alumnos y testimonios que muestran que aquí la gente tiene una especial predisposición a aprender este idioma y lo tienen, para mí, mucho más fácil que en otros lugares de España. En mi opinión, la gramática francesa no es tan difícil como dicen, y menos en Galicia.
Descubro que el hecho de poder comparar, de manera inconsciente, la morfología del español y la del gallego da a los niños gallegos una familiaridad especial con la lengua francesa.
No quiero restar ningún mérito a mis pequeños alumnos, antes bien al contrario, debo decir que muestran unas grandes dotes de inteligencia y una gran motivación también para aprender la no fácil pronunciación del francés y todas sus variaciones ortográficas.
Pero, como decía, morfológicamente juegan con cierta ventaja a la hora de, por ejemplo, flexionar los artículos posesivos (mon cartable, ma chaise, etc.) porque cuentan con el modelo de la lengua gallega.
Siempre me gusta hacer mención a la parte humana y emocional del aprendizaje para no quedarme en la parte intelectual más fría o aséptica.
Los niños reciben con docilidad, curiosidad y amabilidad, y sin sensación de pesadez, su lección semanal de esta lengua que no saben aún para qué puede servirles en el futuro o para que puede estar sirviéndoles ya. En ese aspecto, la reflexión es que nuestro cerebro se “vigoriza” gracias al trabajo intelectual que supone aprender una lengua extranjera.
Motivaciones de Estudio en Adultos y el Arraigo de la Emigración
En cuanto a los alumnos adultos, su motivación para el estudio es más fuerte que en los niños (más pragmática, urgente, explícita, personal), lo que representa un punto a favor. La facilidad para aprender el francés, en cambio, no depende de la edad sino del tipo de inteligencia de cada cual, y de los dones y talentos. Tampoco la plasticidad cerebral, según observo yo en mis años de experiencia, es lo que representa una ventaja o desventaja para unos u otros.
Quería reflexionar más bien sobre la cuestión de la “docilidad”, pues si en los niños la encuentro, asociada a la desinhibición y la ingenuidad naturales en la infancia, en los adultos la extraño, por el bien que representaría para su aprendizaje. El adulto puede querer aprender, pero muchas veces vive el aprendizaje con resistencias interiores, a veces inconscientes, difíciles de deshacer. El adulto no es un alumno dócil, cada uno en su estilo y por distintas razones. Pero en lo que se refiere al francés, si bien es mal conocido y poco estudiado, las personas adultas en esta zona muestran una evidente buena predisposición.
Encuentro numerosas familias en las que siempre alguien sabe hablar francés porque ha nacido, ha vivido o todavía vive en un país francófono: una tía en Bélgica, un hermano en Suiza, padres / hijos retornados, etc.
La presencia o el recuerdo de la lengua francesa en la vida personal empuja en muchas ocasiones a estas familias a querer que los niños aprendan el idioma, por apego, añoranza, ilusión o, tal vez sin pensarlo, por el enorme esfuerzo que costó aprenderlo a sus familiares emigrados y las dificultades que pudo representar en la historia de emigración, como una especie de reparación del pasado.
Siempre, en cualquier caso, con una raíz pero con la idea de preparar el futuro.
A esas generaciones anteriores y a la nueva emigración a España de personas procedentes de países francófonos me une no la enseñanza sino la traducción jurada de francés. Puedes descubrir en qué consiste y conocer historias de clientes relacionadas muy humanas.
Si quieres contactar para saber más sobre mis clases de francés en Monforte de Lemos, no dudes en llamar.





